sábado, 21 de agosto de 2010

PRECURSORES DE LA EMANCIPACION DEL PERU



PRECURSORES DE LA EMANCIPACIÓN PARTE II DON JOSÉ FAUSTINO SÁNCHEZ CARRIÓN Selección y Prólogo de Manuel Mujica Gallo PATRONATO DEL LIBRO PERUANO PR O LO G O Este volumen reúne dos importantes trabajos de interpretación histórica, cuyo conocimiento ayudará a comprender mejor la azarosa etapa de nuestra emancipación nacional. En efecto: el estudio de José de la Riva-Agüero, del que por su extensión el Patronato se ha visto obligado a substraer lo menos esencial,Don


José Baquíjano y Carrillo, ilumina magistralmente aspectos poco divulgados no sólo sobre la vida y el pensamiento de este precursor, sino también sobre su época. El trabajo de Riva-Agüero se complementa con un brillante ensayo de Raúl Porras Barrenechea, José Sánchez Carrión, el Tribuno de la República Peruana, indispensable para la comprensión del papel del Solitario de Sayán en la formación de la República. El objeto de este libro es obvio: el Patronato del Libro Peruano no cumpliría la misión que se ha impuesto divulgar las esencias del alma peruana, si no dedicase este volumen a la ambición cívica de resucitar estas dos vidas rebeldes, cargadas de irradiación evangelizadora, frente a la degradación moral del despotismo político. Revivir esos nombres, amenazados por el olvido, en toda su dimensión espiritual, es un deber patriótico improrrogable.

Es conveniente recordar que en cualquier etapa histórica, y en cualquier región de nuestro territorio, encontraremos siempre -perforando la espesa atmósfera de un régimen tiránico- la luz de un espíritu insurgente. Ese espíritu es siempre expresión de su época y su pueblo.

En pleno rigor del coloniaje, por ejemplo, surge admirablemente erguido, un limeño hoy en la penumbra, y en su tiempo alabado por el consenso de sus contemporáneos como el supremo adalid del liberalismo, de la entereza y del desinterés cívicos: José Baquíjano y Carrillo, Conde de Vista Florida.

Es evidente que para apreciar hoy, en su justa magnitud, el espíritu liberal que se agitaba en Baquí- jano, hay que considerar la opulencia de su vida, la rancia prosapia de su nombre y la rigidez familiar del período en que actúa. En aquel momento, a los ojos de sus linajudos amigos y parientes, Baquíjano debió parecer un "renegado", cuando no un "revoltoso". Baquíjano y Carrillo, inspirador intelectual de E1 Mercurio Peruano, primera publicación americana de la que alzaron vuelo aquellas ideas que inspirarían la lucha por la conquista de la libertad, murió a los sesenta y siete años. No le ha sido propicia la posteridad, acaso porque -abonado ya el campo para el advenimiento de nuestra emancipación- la historia le reservó únicamente una presencia representativa en las vísperas del triunfo. Como dice Riva-Agüero: "modesta y obscura tarea la de arar el campo y arrojar la semilla para que otros recojan la cosecha y se lleven la gloria".

Contra lo que piensa Riva-Agüero, que se "sorprende y admira de la independencia y altivez de Baquíjano", dado el ambiente de servilismo cortesano que vivía la Lima colonial, el autor de estas líneas encuentra lógica y natural la reacción de ese gran señor, altivo señor, que respiraba un aire emponzoñado y humillante.

¡Alguien tenía que romper -así lo enseña la historia- con el oprobioso estado de humillación tolerado, con falta de señorío, por la clase dirigente! Riva-Agüero condena enérgicamente aquel ambiente abyecto del que no se libraba ni la Universidad colonial, donde iba a alzarse la voz viril de la requisitoria histórica de Baquíjano. "Todos estos elogios académicos -escribe Riva-Agüero- son lamentables y monstruosos". Y agrega, sin ambages: "El Elogio de Jáuregui, que (Baquíjano) pronunció el 27 de agosto de 1781, es la antítesis de todos los Elogios anteriores, es una vigorosa protesta contra un largo pasado de abyecta adulación". "Y téngase en cuenta -sigue RivaAgüero- que la época era difícil y nada propicia para que se disimulara y pasara inadvertida la franqueza y la audacia". Como bien señala el autor de La Historia en el

Perú: "Duraba todavía la impresión de terror producida por el suplicio de Túpac-Amaru y su familia, y perma- necían en armas muchos de los sublevados, cuando un catedrático de San Marcos se atrevía, en un acto oficial y solemne a hablar de tiranía, sangrienta política y humillación, y a convertir la aparatosa ceremonia del Elogio en un medio de aludir a todas las cuestiones del día y de expresar casi sin embozo las quejas de los criollos contra el régimen colonial".

Y es que, en efecto, el Elogio de Jáuregui por Baquíjano -como lo reconoce el propio Riva-Agüero- es el remoto anuncio de la independencia, lo cual equivale, ciertamente, a reconocer que el atrevimiento de un hombre contra el despotismo es, muchas veces, el signo radiante de que la libertad no está lejana.

Baquíjano y Sánchez Carrión son evidentemente los precursores doctrinarios de, la independencia del Perú. Iniciada en el Perú la aparentemente impracticable y quimérica lucha por la independencia nacional, brota de la pluma del Solitario de Sayán, el verbo y la voz de la democracia peruana. Serrano de Huamachuco, Sánchez Carrión, por su ideal libertario, es la máxima y más pura expresión del doctrinarismo republicano.

A la luz de estos dos nombres, y de tantos otros, como los de Toribio Rodríguez de Mendoza, de Chachapoyas, como del tacneño Francisco de Paula González Vigil, del cuzqueño Rodríguez de Arellano, del piurano Ignacio Escudero, de los Gálvez, de Pérez de Tudela, de Riva-Agüero Sánchez Boquete, de los arequipeños Pacheco, Ureta y Químper, Corpancho, Manuel Pardo, del iqueño Gabino Chacaltana, fácilmente se descubre lo falaz e inadmisible del concepto desdoroso que se tiene de la congénita sumisión peruana. Tal creencia es una herejía histórica. La costa, la sierra y la montaña, vale decir el Perú, están integralmente representados por esos nombres en su lucha contra el servilismo. Hay que recordar siempre lo que el historiador chileno Vicuña Mackenna escribió: "En ningún país de Sud-América se encarnó más hondo el espíritu de rebeldía desde los primeros días de la conquista que en el Perú". En el Presidente Riva-Agüero, Vicuña reconoce, por ejemplo: "el primer agitador del Perú y digno por tanto de un puesto ilustre entre los padres de la nación independiente".

Y es que, a lo largo de las diversas etapas de la historia nacional, se suceden, sin eclipse, los arranques de peruanos cuyas voces se alzan desde todos los ámbitos del país. En la conquista, durante la colonia, en plena emancipación, durante la República, el espíritu de rebeldía monta guardia contra el despotismo. Y ese espíritu, que bulle en todo momento en nuestra historia, es el espíritu de nuestra raza. La raza es espíritu y ese espíritu se ha levantado entre nosotros condenando y pulverizando los remedos cesaristas de los mandones sin pueblo, sin coraje, sin ley.

Siempre la energía del pueblo peruano, a la corta o a la larga, se ha erguido para oponerse a la corrupción de la autocracia, hasta reducir al silencio las codiciosas loas del servilismo, perversamente alentadas desde arriba.

A despecho de lo que astutamente se repite, en nuestro pueblo se asienta una tradición liberal. Es innegable que en el Perú se afirma una tónica de aversión hostil al vasallaje impuesto por los regímenes despóticos. Y ella tiene vigencia feliz hasta nuestros días: de allí que resulte útil exhumar, para actualizarlos, nombres de peruanos, cuyas vidas rebeldes, cuyo credo liberal, no sólo tiene permanente actualidad, sino que sirven de exhortación patriótica al sentido del deber ciudadano.

Simbólicamente en las páginas dedicadas a Baquíjano, el lector encontrará la presencia de Sánchez Carrión, como estudiante, dedicando una oda a las virtudes del maestro sanmarquino. Baquíjano y Sánchez Carrión se vinculan así por la nobleza del ideal -nexo más fuerte que el de la sangre- en la medula misma de nuestra historia.

Porras Barrenechea, al aludir a esta composición poética de Sánchez Carrión, dice: "La escribió en 1810, en honor de Baquíjano, el gran precursor de las ideas liberales, consagrándole la más hermosa de las admiraciones juveniles, la del amor de la libertad". "Sus arengas -dice Porras- a los Virreyes no siguen la inclinada curva de servilismo prescrita por el ceremonial". "A ejemplo de Baquíjano, el émulo admirado por la juventud, envuelven todas una oculta osadía, cuando no una franca demanda por los derechos que asisten a los americanos". "La más notable, sin duda, es la dirigida al Virrey Abascal, en nombre del Convictorio, en el aniversario del día en que se promulgó la Constitución española en Lima. Esa arenga es una luminosa síntesis de libertades. No parece que el orador fuera un colegial de la colonia, ni que se dirigiera al más autoritario de los Virreyes, sino que hablara un defensor de los derechos del hombre en una república libre. El ejemplo de Baquíjano dirigiéndose al Virrey Jáuregui, estimulaba a estos insurrectos en germinación". "No se había oído dentro de las antesalas del Virrey voz más gallarda que la que ese día, rompiendo una tradición servil, comenzó a hablar en este lenguaje de rebeldía".

Hay que leer, como quien absorbe lentamente la sagrada enseñanza de sus mayores, estas dos biografías. Ellas constituyen un legado histórico que ningún peruano puede desconocer. Penetrándonos de sus ideales y formándonos conciencia de esta imperturbable tradición rebelde, de la que el Perú no puede renegar, conjuraremos la continua amenaza de dictaduras inciviles y voraces. La falta de estudios dedicados a difundir estas enseñanzas es un peligroso vacío que estamos obligados a remediar.

MANUEL MUJICA GALLO
 
a2t/.

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